A propósito de un artículo publicado recientemente, Hombres que no, de Laura Lecuona, inicié una discusión con otros hombres acerca de las dificultades para entendernos con las mujeres en materia de conceptos y actitudes frente al feminismo.
Entre las cosas que se plantearon se encuentra la idea de que muchos hombres sufrimos cuando nos dicen violentos, violadores en potencia, peligro para el género opuesto, etcétera. Sufrimos porque no nos sentimos parte de esa violencia que genera tanto dolor y arruina vidas. También sufrimos porque no comprendemos en realidad qué es lo que nos quieren decir las mujeres, feministas o no, cuando hablan o escriben sobre este tema. La incomprensión genera confusión y, frecuentemente, más violencia.
Quiero explicar lo que entiendo cuando nuestras compañeras de vida nos dicen estas cosas, en una primera parte. En otras publicaciones abordaré otros aspectos.
Un primer argumento es que los hombres estamos formados dentro de la violencia, y que la ejercemos con enorme inconsciencia del daño que podemos generar a las mujeres con ella.
¿Es verdad esto? En su obra Masculino y femenino, el etólogo Desmond Morris explica las diferencias físicas reales entre los cuerpos de los hombres y las mujeres, sus capacidades diferentes hacia el esfuerzo físico, el dolor, las emociones y el sufrimiento.
El simple hecho de la capacidad de los hombres para el uso de su mayor volumen esquelético y de su masa muscular, y su disposición anímica hacia la lucha física, dejan bastante claro que, en efecto, hay una contundente diferencia relativa a la capacidad para ejercer fuerza física.
Pero, ¿fuerza física es sinónimo de violencia machista? Evidentemente no. Sin embargo, el espíritu de competencia --sobre todo si se trata de luchar por la atención de las mujeres del entorno--, y la necesidad de establecer jerarquías entre nosotros, nos empujan a hacer uso de los diversos mecanismos de violencia que los hombres tenemos.
Rory Miller es un autor que me entusiasma. Su sitio web http://chirontraining.com/ y su blog http://chirontraining.blogspot.mx/ son realmente muy interesantes. Fue oficial de prisiones y tiene mucha experiencia en el manejo de grupos tácticos, defensa personal, etcétera. Es autor de Meditations on Violence, una obra dedicada a entender la violencia, especialmente la violencia masculina. La reflexión sobre los enfrentamientos para establecer jerarquías masculinas --la danza del mono--, mantener el poder --la madriza pedagógica-- robar bienes o eliminar al contrario --conductas depredadoras y homicidas-- es uno de los aspectos más importantes que los hombres debemos entender de nosotros mismos. Rory Miller aborda este tema con verdadera maestría, sobre todo porque ha trabajado en un mundo en el que cualquier movimiento en falso te puede costar la vida, como es una prisión de alta seguridad.
Creo que muy pocos hombres pueden decir que no se han sentido sometidos a estas presiones violentas en su barrio, su escuela o su trabajo. Muy pocos han escapado a la violencia de otros hombres que se sienten con la necesidad de manifestar su mayor capacidad física, su poder económico o político.
Estos aspectos de la violencia masculina impregnan gran parte de la vida social y de la cultura: el lenguaje, las actitudes, los valores. Existen innumerables indicios de su expresión.
Imagina el sistema patriarcal de dominio macho en su estado más puro: una prisión masculina. Los más poderosos ejemplares han recurrido a todas las formas de violencia necesarias para establecer y mantener su dominio. Como resultado de ello tienen a su servicio a otros hombres que les cuidan las espaldas, les hacen de comer, les limpian sus habitaciones y ropa, les sirven de mensajeros y, en muy frecuentes casos, fungen como objetos sexuales que solo sirven para complacerlos; los jefes no quieren amarlos, respetarlos y cuidarlos, no; solo quieren sus cuerpos para satisfacerse. ¿Alguien encuentra alguna similitud con lo que las mujeres nos dicen acerca de la desigualdad de género en la vida familiar?
Para muchos presos que van a pasar gran parte de su vida en la cárcel, la única diferencia con hacer todo esto mismo en libertad es que ejercerían la misma violencia hacia las mujeres de su contexto y que posiblemente podrían heredar su imperio a su hijo mayor, el siguiente macho. Esta heredad significa la culminación del sistema patriarcal; esto es el patriarcado.
Quienes vivimos en libertad, y nos acogemos a la protección de las leyes, pensamos que los actos de violencia masculina son propios de criminales. Pero la realidad es que el simple hecho de contar con una mayor capacidad física hace de muchos hombres presa de sus más bajas pasiones, como el abuso sexual y la violación de mujeres. Y, en México, esto se intensifica con el débil sistema judicial que no es capaz de brindar igualdad ante la ley a mujeres y hombres.
Pero en el dominio masculino de la sociedad, a diferencia de lo que sucede en las prisiones varoniles, muchísimas mujeres participan en la reproducción del poder patriarcal: muchas son las sirvientes y cómplices de sus dominadores físico-emocionales, sus objetos sexuales, a veces sus joyas para presumir; y ejercen violencia contra otras mujeres y otros seres más débiles, como las niñas, los niños y los adultos mayores, contra quienes pueden aplicar el poder de su fuerza física --aunque sea a chanclazos-- o más sutiles formas de violencia, como las que ellas mismas padecen (económica, sicológica, verbal, etcétera).
El mundo de los machos no podría haberse construido sin la activa participación de sus víctimas. Entonces, ¿estamos los hombres formados dentro de la violencia y la ejercemos para obtener lo que queremos en la vida? Yo pienso que sí, pero que en el camino para instituir este orden han colaborado millones de mujeres que asumen los valores de sus victimarios.
¿Tenemos la capacidad de transformar esto? También pienso que sí, pero que no es una lucha que las mujeres solas vayan a ganar, de la misma forma que los hombre solos seríamos incapaces de lograrlo.
La ONU ha publicado lo que me parece la mejor lectura que he hecho sobre este tema: El papel de los hombres y los niños en el logro de la igualdad entre los géneros, que permite entender que la transformación por la que necesitamos atravesar requiere del liderazgo de las mujeres, pero que necesita el fundamental soporte de los hombres. Sin esta ecuación no habrá posibilidades de entregarles un mundo mejor a nuestras hijas e hijos.
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